Hoy vamos a sacar nuestra vena más didáctica para hablaros de uno de nuestros productos estrella, los yogures. Pero no desde la óptica habitual, no. Hoy os hablaremos del origen y evolución del yogur, desde su creación -por accidente- hasta la actual nevera infinita de los supermercados, en los que todos hemos realizado sesudos análisis y comparativas antes de elegir que pack nos llevamos a casa.
El origen del yogur. Un invento turco
Bueno, turco turco... tampoco. Se sabe que el yogur fue descubierto por algún campesino
tártaro en torno al 4500 antes de Cristo, aunque el lugar exacto no está bien definido; algunos creen que fue en Turquía, en los Balcanes, Asia Central... aunque la creencia con más adeptos lo situa en
Bulgaria, lo que por aquel entonces se conocía como Tracia (y de hecho la palabra yogur vendría del término búlgaro
"jaurt").
El nacimiento de tan delicioso alimento es muy curioso: estos pueblos nómadas (¡fijaos, el yogur es anterior a la agricultura!) transportaban la leche en
sacos de piel de cabra, y esta fermentaba de forma espontánea, ayudada por el calor y las bacterias (era una época muy dura para los controles de calidad alimentarios) que les conferían una estructura densa y un sabor con un punto de acidez característicos.
Una vez fueron conscientes de lo que habían creado, el proceso de replica favoreció también su proliferación, pues aún era más simple ya que, después de retirar el yogur, simplemente se volvían a
rellenar los sacos con leche y se obtenía de nuevo el tan gustoso yogur, al permanecer los residuos que ayudaban a crearlo en el recipiente. Esta sencillez, unida a su ligereza a la hora del transporte lo convirtieron en un elemento imprescindible (un
must, en lenguaje millenial) para estas poblaciones, para las que esta ligereza y comodidad era muy necesaria.
Todo estaba a favor del yogur. Las migraciones
Ya estamos posicionados; el yogur nace de una
casualidad (otra teoría incluso hace referencia al despiste de un pastor, que se olvidó de sacar la leche de su saco, y al darse cuenta, días más tarde, la encontró transformada en algo diferente, más denso y sabroso). ¿Pero cómo pasa de alimento de tribus a
extenderse por toda la Europa oriental?
Ya hemos dicho que estos pueblos eran nómadas, por lo que sus
migraciones eran continuas. Esto contribuyó a que es
extendiera y no se perdiera en la historia. Eso, y que los tártaros rápidamente construyeron, en torno al yogur, una grande y variada
familia de productos que no hicieron más que acrecentar su popularidad: las sopas agrias, el
kéfir, productos mantecosos, etc.
A esto debemos sumar también, e influido sin duda por la creencia de que los habitantes de ciertos pueblos del Caucaso vivían muchos años, la idea de que el yogur tenía entre sus propiedades el
incremento de la esperanza de vida, además de ser una importante fuente de
revigorización para el cuerpo. Así, en el siglo XVI el yogur llegó por fin a toda la Europa occidental, como veremos a continuación, pero antes...
¿Y los griegos qué opinaban del yogur? ¿Y los romanos?
Pues, pese al famoso
yogur griego, que se cree que llegó al Mediterráneo gracias a los
turcos (no podía ser de otra forma), ni ellos ni los habitantes del imperio creían en sus beneficios, al menos en forma de alimento. Sí que usaban el yogur para la elaboración de
pomadas y ungüentos, cuya finalidad era la de subsanar pequeños problemas del día a día, como orzuelos, y para blanquear los dientes.
Dos puntos clave en la historia del yogur; 1542 y 1908.
¡Lo que nos faltaba! El yogur también se vió beneficiado por la leyenda de
Genghis Khan... El conquistador y sus tropas basaban su dieta en dos comidas: yogur y carne cruda. Estos alimentos los ayudaban a aguantar sus largas cabalgadas y los más que posibles combates que enfrentaban al bajarse del caballo, por lo que la teoría del yogur como alimento todoterreno se vio reforzada; ahora también era sinónimo de
fuerza y
resistencia.
Además, existen documentos de la época acerca (hablamos del siglo XVI) de viajes y comitivas oficiales de distintas personalidades en Europa Oriental (generalmente
Turquía) que narran el descubrimiento del yogur, y así "un adulto que consuma diariamente el yogur será capaz de manejar una espada mucho más grande y pesada que la de su oponente". Volvamos a echar un vistazo a la época de la que estamos hablando... parece un buen argumento, ¿no creéis?
A pesar de todo esto, los occidentales fueron reticentes a las bondades del yogur, al menos en un principio. No les convencía su aspecto, y aún menos su sabor agrio, abriendose paso poco a poco en su alimentación, pero no fue hasta
inicios del siglo XX cuando podemos hablar, ya sin duda alguna, de la subida imparable de la popularidad del yogur en Europa, gracias a la figura de,
Iliá Ilich Méchnikov.
Este microbióolgo ruso, Premio Nobel en 1908, en uno de sus multiples estudios sobre la proliferación de bacterias en el estómago, quedó maravillado con la
longevidad de los
campesinos búlgaros (¡como no!) y comenzó a investigar el
yogur, descubriendo las enormes capacidades de las bacterias de convertir el azúcar de la leche en ácido láctico, lo que abría múltiples vías en cuanto al control de muchas
enfermedades bacteriológicas.
Y así, con la coletilla de "nuevo y efectivo medicamento", el yogur comenzó su andadura imparable por
Europa occidental, vendiéndose en un principio en
farmacias, indicado sobre todo para combatir infecciones intestinales en niños. Con el paso de los años, su visión fue mudando hasta la concepción actual del yogur como
complemento nutricional para todos, imprescindible en cualquier dieta equilibrada.
Así finalizamos nuestro artículo, esperamos que os haya resultado entretenido, ya que creemos que son curiosidades que todos debemos conocer...y ya que estamos, no desaprovecharemos el momento y os haremos una de nuestras recomendaciones, y es que en vuestra dieta no pueden faltar nuestros
yogures ecológicos. ¡Echadles un vistazo!